domingo, 23 de junio de 2013
Leyenda ubicada en la ciudad de Guayaquil, en el siglo XIX, que cuenta sobre una figura espectral que navega en una canoa rodeada de moscas y con un farol, en los ríos Guayas y Daule a media noche o a horas de la madrugada.
Pues se trata de una joven prostituta que al quedar embarazada indeseadamente, para evitar la vergüenza y la condena de sus conocidos, dió a luz en el río en una canoa en la cual dejó abandonado a su bebé sin compasión alguna. Poco después de lo que había hecho, sintió remordimiento y, arrepentida, se regresó a buscarlo apresuradamente pero ya fue demasiado tarde, sólo encontró el cuerpo del bebé sin vida, pues había muerto ahogado debido a la fuerte corriente que en aquel momento el río tenía.
Por miedo a ser descubierta y acusada de asesina, la joven descuartizó el pequeño cuerpo y lo arrojó al rio percatándose de no dejar rastro alguno.
Poco después murió de desolación y culpa, y su alma fue condenada a regresar al río todos los días, casi al amanecer, a buscar las partes de su hijo, pero Dios se quedó con el meñique del infante, para que ella nunca pudiera completar las partes y se mantuviera buscando por la eternidad, sin descanso.
Hasta la actualidad, se siguen escuchando ciertos comentarios de la gente de la región sobre esta canoa fantasmal que navega sin destino cierto, y por donde anda se escucha siempre la frase en voz femenina “Aquí lo dejé… Aquí lo maté… Aquí lo hallaré”.
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